lunes, 23 de febrero de 2009

HIERBA, TRONCOS

No quise nunca pisar el pasto sin sentir la hierba pero ahí, andaban mis pies con derecho a todo cargándome. Aplastándola. Débiles sus hojas... algunas secas otras tiernas tiernas de ternura tiernas de frescura con esa sensibilidad que uno no sabe que abajo existe. Había troncos, sólo eso, troncos que tenían que estar, porque no era posible que no estén. Eso fue yendo. Volviendo todo cambió. Aparecieron las copas de los árboles los troncos desistieron de ser troncos y dibujaron las raíces internándose en la maleza. Entre sus ramas y hojas el cielo se dejó ver perseguido por el sol y las aves despertaron sobrevolaron mis pies ciegos, inconclusos. Flores diminutas, blancas, inocentes hermosas, silvestres y libres como no lo era yo, ni lo sería jamás por no pertenecer como ellas pertenecían esclavas y sonrientes. Las vi... ¡¿Cómo podría pisarlas?! Y otras amarillas, más grandes no tan lindas... simpáticas dieron color a mi descuidado paseo. ¡¿Como podría pisarlas?! Mis pies ya no me cargaron andaban y recogían lo que parecía una bienvenida... ¿O caricia? De cualquier modo, terminé pisando suelo pisando... sin lastimar. ChicoMalo 22-02-2009

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