martes, 8 de julio de 2008

HOMBRE DE ACERO

Tu me ves de acero, inconmovible pero no es cierto lo que ves no miras bien. Si cuando me tocas apenas tus dedos mi piel acarician ese acero que tu crees acero se derrite y se escurre por mi alma y el corazón se me abre como flor desesperada por luz. Si cuando me besas vuelo tan alto que vuelo en la ternura de tus labios. No podría de acero... no lo hay. Y que decir cuando me rodean tus brazos ese cuerpo tuyo que al mío se pega llenándome de latidos de amor. Siento, siento tanto en ese momento pero soy frágil. No hay acero, nada en mí. Mira el aire que se mueve son brincos de alegría cada vez que llegas que te encuentro, que me vuelvo a enamorar infinitas veces en silencio. Ese acero que tu dices, es debilidad, temor porque no resisto un centímetro distanciado no resisto sin tus manos entre las mías sin besarte, sin acariciarte. El piso ante tus pasos se convierte en baldozones de amor que temo pisar y mi rostro, mi rostro seguramente refleja ese brillo como espejo, si tu quieres, acerado, pero es eso sólo eso un reflejo más. .

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