martes, 13 de mayo de 2008

TRES ARROYOS - CUANDO LAS HOJAS BAILAN

Les dije a mis pies: ¡Vamos! El campo su pone de pie, el interior con su gente. Por la ciudad, con acto en la plaza principal se lleva a cabo el tractorazo. Convocatoria al pueblo... a mí, que soy pueblo, sin campo. No es día de fiesta pero hay fiesta fiesta de reclamos a viva voz por derechos, por futuro, por un país federal de verdad de retenciones confiscatorias libre. Una caravana nunca vista, de máquinas agrícolas, camionetas camiones, autos con sus bocinas por todas las avenidas tocando llenando el cielo de presencia, no cesan cuando un alto cerca del palco hacen, para que todos, mujeres, hombres, niños escuchen de los líderes, sus manifestaciones latir de corazones mancomunados. Y antes del habla, estrofas del himno nacional, se entonan. Como dije, no es fiesta, pero si hay una, una especial por el otoño organizada, que con gran disimulo, sol paliducho tibio y amistoso trajo bajo el poncho. Sonriente se fue metiendo entre la gente entre sus ropas, resaltando desde el escondite de cada uno características de habitante presente testimonio vivo, de los que están en esto de estar. Sus rayos, de pleno en mis ojos me obligan a protegerme bajo la sombra de un árbol y me protejo cuando el canto ya está en el aire en sus hojas amarillentas, flameando como banderas al compás de la música, danzando, adhiriendo al no a la humillación, al no peticionar de rodillas pretensiones soberbias, prepotentes de quienes en lugar de gobernar sólo tienden a concentrar riqueza y poder dejando de lado y al descuido el federalismo y de la riqueza, su real distribución. A través de ellas hice mío su propio canto. Las heridas de muerte en sus puntas, por el hombre gobernante olvidadas, que mostraban con hidalguía de valientes sin importarles, mientras oscilaban alegres, que podían desprenderse. Caer. Les dije a mis pies: ¡Cuando las hojas bailan por algo es! .

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