viernes, 9 de mayo de 2008

A MI NO ME DIGAS

A mi no me digas, que la mujer que en mis sueños apareció, no eras. No pude ver tu rostro, aunque cerca lo tuve, tanto que alcancé a rozar tus labios, mullidos tibios y envueltos en frescura curiosos, cediendo a la presión de los míos fundiéndose en la ternura de un encuentro inesperado gigantes en el espejo de mi alma colmando mi ansiedad de eternidad al punto, de esfumarme del entorno y de la nube gris del reconocimiento, beber. Fue ahí, en ese instante, cuando por primera vez supe a que sabe el amor. A mi no me digas, que la mujer que en mis sueños apareció, no eras porque esos labios eran los tuyos.

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