viernes, 2 de mayo de 2008

HORA DE PARTIR

Amanecí. Mis pies a tocar alcanzan metal frío de vías frío de abandono. Recuerdan la brisa del tren al partir, mi rostro silencioso, manos de caricias vacías y el no latir de un corazón que seguir mudo y en la noche prefiere, en esa oscuridad, desierto inmóvil cuando a lo lejos, el amor se refleja muerto como una gran ciudad, ruidosa, lejana. Dejar vía significa olvidar, un nunca más para ese tren. Indiferencia, aunque les cueste a las estrellas la sombra que estoy dando. Lágrimas. Dudas. Enterrar al lastimado yo, entre aquella brisa fresca mis pies helados y las quietudes que me rodean. A más de media tarde, inventar un sol, debe el amor por ser ocaso. A esa hora, hora de partir. .

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