viernes, 28 de marzo de 2008

CUANDO UNO NO TIENE A QUIEN AMAR, AMA

Cuando uno no tiene a quién amar, la soledad de ojos celestes mira fijo y nos ama, saboreándose con hambre. Y deseamos estar adelante un paso, ignorando sus dientes e imaginando deseos de tiempos perfectos, reales, pero falsos. Ese amor que tanto anhelamos, tiene en sus rosas espinas que no vemos y cuando al fin conseguimos deshacernos de noches que nos tiñen de negro, enredados y dubitativos, miramos atrás. Con el rostro invertido y los pies en el agua, preocupados por saber si es amor en verdad, el dolor provocado por heridas que uno acepta, despierta en nuestros sueños, pequeños abismos que no valoramos. ¿Será admitiendo estados marginales, la puerta para que amores ciertos en nuestras vidas se edifiquen? ¿O será, eludiendo las fallas perfectas de la vida, camino difícil pero único para alcanzar amor?

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