jueves, 21 de febrero de 2008

MAÑANA DISTRAIDA

Parecen ser algunas de mis mañanas un templo sin techo, donde mis pensamientos elevados sin ser observados se pierden. En otras, de nubarrones atisbadas ellos caen a mis pies sucios. Parecen ser, cuevas donde guardo ya amarillas muchas reflexiones y muchas con cara de pez. Luego llega el mediodía, cargado de alegría no se por qué y por último la noche, a veces flaca en ocasiones enferma y casi siempre con un gran cartel en su cuello colgado que dice: ¡Estrellas suspendidas! Así parecen ser algunos días algunas noches... a excepción de hoy, que encontré al amanecer distraído besando la oscuridad y detrás de el me encolumné, siguiendo su camino, tratando de encontrar yo también al final o al principio, a esa mujer que pueda besar con el mismo amor que vi y nada más pensar.

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