jueves, 21 de febrero de 2008

LA SOLEDAD

La soledad iluminaba el ambiente. Todos los días pintaba las paredes de blanco, blanco, hace tiempo huido. Se creía exitosa, era malhumorada y malhablada muchas veces. Le gustaba madrugar. Bien temprano de diosa vestía y enjuagaba su boca con aceite de Alcatraz. La soledad, pozo de barrio, por la plaza paseaba con desdeñoso aire buscando corazones huecos. Y los hallaba siempre... a la sombra de árboles desnudos casi muertos de frío. Los recogía como manzanas abrigándolos ella misma en aquel ambiente iluminado, pintado de blanco, blanco, hace tiempo huido.

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