jueves, 29 de noviembre de 2007

Una calle

Alegre, salgo en mi auto.

Mañanas soleadas o lluviosas… da igual.

Desde que salgo del garaje, hasta los primeros trescientos metros, así, contento… hasta me animaría a cantar!

A partir de ahí, entro en la locura. Mi cabeza se hamaca como si fuera a despegarse. Para arriba! Para abajo! Mi cuerpo sin querer bailar, baila! Convertido en surfista histérico, reboto contra el techo cada vez que paso por las elevaciones bajo las cuales, duermen las raíces de quienes tanto admiro.

Más me afirmo al volante… pero de derecha a izquierda, sin errar uno, caigo como cae un martillo, con tal fuerza, que mis dientes protestan, pidiendo con mi lengua a resguardo, que me detenga.

Un infierno!, pero sin fuego. Todo se me viene encima, hasta las casas, embrujadas arqueándose sobre mí. Horrible!

Presiono el freno….

Venia tranquilo… si, venia tranquilo, disfrutando…

Es probable que un día de estos, termine en la azotea de alguien…

Miro por el espejo retrovisor maldiciéndome por no desviarme a tiempo. Lo peor de todo , es que siento, que hasta los cordones de la vereda se ríen de mí.

La odio! Cuando llueve, se que se burla, escondiendo los pozos para que yo me meta en ellos y el agua se eleve como si pasara por una fuente de aguas danzantes.

En fin, calle fea si la hay… esa, la de mi barrio…

Bueno, pobrecita… víctima es.

Yo me sentiría mal también si fuera como ella, viejo, lleno de pozos en la cara, pelos parados como los de un carpincho, sucio…

Nadie la quiere… lo feo nos produce rechazo, no comprendemos, no nos ponemos en el lugar del otro. No se, tal vez deba meditar esta experiencia un poco mejor, me ha movilizado, creo que solo quiso llamar mi atención.

Después de todo, no es tan fea, es ancha, es rústica. Me gusta lo rústico! Es mas terrenal. Me refiero a que tiene tierra, piedras, ramas, y si observo hacia arriba, los veo, frondosos, decorando el cielo, hermosos, verde de vida.

casi casi… un paraíso!

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