jueves, 29 de noviembre de 2007

Canis Lupus 21

Enero.

Se escuchan los cantos desentonados del viento gélido,

viajando a través de un bosque cerrado, desconocido.

Los minutos se irán de este día tedioso, custodiados por

la estrella pequeña, deslizándose por las copas de los

árboles pelados, dejando a la oscuridad hundida en la nieve,

que sin cesar… cae.

Casi sin sombra, como un punto camuflado de blanco,

desde muy lejos, se acerca, con paso cansino, informal...

De extraordinario pelaje plateado, llevando su cola a la

posición horizontal, extendiéndola hasta parecer más largo

de lo que es, levantando sus orejas, mirando fijo este oscuro

paraje, se dispone a husmear.

Su largo hocico, lleva el rumbo... algo huele.

Ignorando que todas sus marcas, dejadas kilómetros atrás,

desaparecieron tapadas por la ventisca, despacio…

muy despacio, en alerta, se adentra, sin sospechar,

que en el corazón del negro lugar, reside una manada

de veinte lobos.

Apenas si pesaba quinientos gramos cuando nació.

Sordo, ciego, pero cuidado, alimentado, creciendo hasta

convertirse en un valiente macho alfa, aceptando el desafío

de irse en busca de una compañera, formar un grupo y tener

en su propia cueva, una camada de ocho soñados cachorros,

algodones , protegidos por todos... como lo fue el.

Silencio nocturno. Sus ojos como linternas. Divisa la manada,

en medio del cerrado núcleo, la ve.

Gruñe suave... luego fuerte es el aullido de anuncio, salvaje,

desafiante... tirando para atrás los labios, mostrando sus

colmillos filosos, enormes dagas que no conocen la piedad,

levantando su cola, sus hombros… listo, preparado para derrotar

hasta a un oso... al mejor.

Sólo uno se mueve hacia el, con la misma actitud guerrera.

Mientras los demás, bajando sus orejas y colas, con señales

de temor, esperan la más cruenta de las batallas... mortal.

Así sucede por minutos, donde el tiempo se quiebra con los

gritos terribles de los dos... hasta que su fuerza prevalece

y en un movimiento feroz, certero, desgarra la garganta de

su oponente incrustando el gemido final en el silencio.

Ensangrentado, levanta su cabeza y observa como algunos

se agachan en señal de sumisión, menos una, que erguida se

mantiene, admirada, respetada como una reina.

Se acerca, la rodea, mientras su cuerpo se distiende,

transformándose en un tierno seductor.

...algunos pájaros se despiertan... está por amanecer,

la paz reina entre los lobos.

Canis Lupus 21 lidera la manada.

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